La importancia de la cartografía para el Estado

Por Natalia Peritore (*)

En su obra A través del espejo, Carroll nos cuenta que Humpty-Dumpty le dice a Alicia que las palabras significan lo que aquel que detenta más poder quiere. ¿Podría aplicarse esta idea extraída de un cuento infantil a la cartografía? Sí. Veamos los motivos de esta aseveración. La proyección cartográfica representa un territorio, su relación con el poder y la construcción de identidades colectivas. Ciertamente, no se trata de un asunto menor cuando comenzamos a percibir todo lo que ello implica.

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El 11 de mayo de 2020, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile manifestó la disconformidad de su gobierno respecto al mapa en el que se representa la plataforma continental argentina extendida que fuera reconocida por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) de Naciones Unidas en 2016 (ver gráfico 1). Recordemos que la República Argentina realizó un sostenido trabajo científico y técnico para fijar el límite exterior de su plataforma continental de acuerdo a las disposiciones de la CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar) y de las directrices de la mencionada Comisión. Trabajo que cosechó sus frutos al haber sido adoptado por consenso por la CLPC.

Dicho lo anterior, ¿por qué el reclamo de Chile? El gobierno chileno aduce que se trata de una declaración unilateral por parte de Argentina que conduciría a una incursión en territorio chileno hacia el lado oeste del océano Atlántico. Lo cierto es que el reconocimiento de la ampliación de la plataforma continental da cuenta de la extensión geográfica de los derechos de soberanía argentina sobre los recursos del lecho y subsuelo en más de 1.782.000 km2 de plataforma continental más allá de las 200 millas marinas. Esta cifra se suma a los 4.799.000 km2 comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas marinas1. La petición realizada por la República Argentina, luego reconocida por la CLPC, tiene sustento jurídico en tanto se enmarca en la facultad de los Estados ribereños de establecer el límite exterior de su plataforma continental siempre que logren demostrar la prolongación natural de su territorio.

El 20 de octubre de 2010 el Honorable Senado de la Nación Argentina sancionó la ley 26.651 que establece la obligatoriedad de utilizar, en todos los niveles y modalidades del sistema educativo, el mapa bicontinental de la República Argentina2 confeccionado por el Instituto Geográfico Nacional. Dicha obligatoriedad se extiende a la exhibición pública del mapa en todos los organismos nacionales y provinciales.

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Tal como se puede apreciar en el gráfico 2, el mapa anterior minimizaba la extensión de la República Argentina, subrepresentando tanto la extensión territorial de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur como el espacio marítimo argentino. Asimismo, el nuevo mapa respalda los legítimos derechos sobre los territorios antárticos y ayuda a fomentar una identidad colectiva, en este caso, la identidad nacional, haciendo énfasis sobre la riqueza e inmensidad del territorio nacional. Es decir, este nuevo mapa muestra un incremento del poder. Al menos, es lo que proyecta.

Para que esta representación que, hacia fines de 2020 cumplirá su primera década, se sustente en los hechos, es preciso que el Estado cuente efectivamente con los recursos estratégico-militares necesarios y adecuados para preservar, no sólo su espacio marítimo, sino también, terrestre y aeroespacial. El mundo da cuenta de una lucha por el poder medida, en el caso que nos convoca, por recursos. Lucha que, en ocasiones, es matizada bajo el paraguas de los global commons3 (se denomina así a los recursos que no están dentro de la jurisdicción de ningún Estado en particular -tales como los fondos marinos, el alta mar, la atmósfera, el espacio ultraterrestre y el espacio cibernético-, a los que todos los Estados tienen acceso y que demandan, de acuerdo a lo sostenido por Naciones Unidas, una gobernanza global de cara al desarrollo sostenible). No se trata sólo de afirmar que la soberanía es un atributo propio del Estado, sino de promover y sostener su pleno ejercicio. Es claro que, por ejemplo, la pesca ilegal no es un problema de aparición reciente, más allá de que algunos medios de comunicación han reflotado últimamente el debate sobre el tema.

De acuerdo al Cnl. Sarno (2003), la Geopolítica es la disciplina en la cual se encara políticamente el espacio geográfico, tanto en las ideas como en los hechos (p. 28). Cuando habla acerca del plano de las ideas, se refiere al análisis de las manifestaciones y los intereses políticos sobre el espacio geográfico, considerando el concepto “políticos” en términos amplios (económicos, comerciales, etc.). Cuando habla acerca de los hechos, es evidente que alude a la aplicación efectiva del poder sobre el espacio geográfico en base a los intereses identificados.

En su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional del 1° de marzo de 2020, el presidente Alberto Fernández manifestó que enviaría a dicho órgano legislativo tres proyectos de ley para afianzar la soberanía territorial de la República Argentina, a saber: sobre la creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Espacios Marítimos Correspondientes; sobre la Demarcación del Límite Exterior de la Plataforma Continental Argentina; y sobre la modificación del Régimen Federal Pesquero para endurecer las sanciones a los buques que pescan ilegalmente en nuestras aguas4. Ciertamente, celebramos estas buenas ideas. Pero más celebraremos cuando se conviertan en hechos concretos, lo cual va más allá de la mera sanción de las leyes.

Es dable reconocer que elaborar proyecciones cartográficas no es tarea sencilla: se debe considerar que el hecho de representar la superficie curva de la Tierra sobre un plano produce deformaciones. Es por ello que los especialistas sobre la materia explican que es preciso considerar conceptualmente aquello que se desea visualizar en el mapa para luego aplicar la técnica cartográfica adecuada. No obstante, podemos afirmar que las proyecciones cartográficas se han empleado para representar el mundo de acuerdo a los intereses propios de cada época de la historia. El tradicional planisferio de Mercator presenta, de hecho, un hemisferio norte más acentuado que el hemisferio sur, así como un norte colonizador y un sur colonizado (relación asimétrica “superior-inferior”).

Una de las formas tradicionales de comenzar el estudio de la Geopolítica es a partir de los factores geopolíticos, tanto los estables como los variables. Entre los primeros encontramos la posición relativa. Ésta implica una ubicación desde la que subyace una condición política; es decir, a partir de este factor podemos afirmar si un Estado se encuentra “cerca” o “lejos” de, por ejemplo, un centro de poder. Ciertamente, las proyecciones cartográficas dan cuenta de ello. ¿Nos encontramos cerca o lejos de la Antártida? ¿Nos encontramos cerca o lejos del eje geopolítico de Asia-Pacífico? Atendiendo a otro factor estable, como la extensión territorial, podremos dimensionar el espacio geográfico nacional, sus fortalezas y debilidades, así como los desafíos que plantea de cara a la defensa de los intereses nacionales en el marco de un sistema internacional caracterizado, aún hoy, por la lógica estatal.

De acuerdo a lo planteado hasta aquí, podemos decir que el Estado, a partir del desarrollo de su propia cartografía, da sentido a un proyecto político, colectivo e identitario. Líneas más arriba decíamos que la Geopolítica encara al espacio geográfico desde las ideas y los hechos. Es por ello que resulta perentorio que la conducción política no sólo manifieste buenas intenciones, sino que las concrete y se conviertan en verdaderas políticas de Estado. No se trata sólo de asegurar el marco jurídico para la explotación de los recursos propios o para el ejercicio efectivo del monopolio del uso legítimo de la fuerza. Se trata de hechos. No se trata sólo de enseñar a partir de un mapa de la República Argentina afín a nuestros intereses, aun reconociendo su importancia.

Es necesario fomentar una cultura de seguridad y defensa, entendiendo a ésta como el conjunto de conocimientos, creencias, juicios, costumbres, etc. que orientan a los ciudadanos en la expresión de sus actitudes ante las cuestiones de seguridad y defensa, las cuales se traducen en una serie de conductas acerca de las políticas de seguridad y defensa que desarrolla el gobierno, apoyándolas o rechazándolas” (Bueno, 2016: 47). Más aún, en el caso particular que nos convoca, se trata de promover una cultura marítima que logre fomentar una conciencia marítima, la cual, lamentablemente, no ha sido desarrollada a lo largo de nuestra historia, ponderando el espacio terrestre en detrimento del marítimo. Y dejando a un lado las ideas del Vicealmirante Storni, para quien el mar sería el vehículo y sostén de la fortuna y gloria argentinas.

Al inicio del artículo nos preguntábamos acerca de los motivos que llevaron al gobierno chileno a reclamar sobre el mapa de la República Argentina que plantea representar la extensión de la plataforma continental. Se trata de una proyección de poder dentro de la lógica estatal del sistema internacional. Veremos si la proyección se materializa para convertirse en una realidad concreta.

(*) Natalia Peritore es docente, Licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UCALP), Especialista en Análisis de Inteligencia Estratégica (Instituto Universitario Aeronáutico) y Magíster en Estrategia y Geopolítica (IESE). Integra la Red de Politólogas y Amassuru, red de mujeres especialistas en seguridad y defensa de América Latina y el Caribe.


Notas


1. Disponible en http://www.plataformaargentina.gov.ar/userfiles/userfiles/folleto-copla-2016-final.pdf. Último acceso: 27 de mayo de 2020.
2. Disponible en https://www.ign.gob.ar/node/51?page=0%2C0%2C2. Último acceso: 27 de mayo de 2020.
3. Vale aclarar lo controversial de este concepto dado el uso que, en ocasiones, se hace de él sobre “bienes” que sí se encuentran bajo la soberanía de un Estado. Ejemplo de ello sería el caso del Amazonas, a propósito de los incendios forestales que tomaron gran repercusión mediática en 2019. En ese momento, el presidente francés, Emmanuel Macron, había calificado al Amazonas (especialmente al sector brasilero) como un bien común universal cuya gobernanza debía ser internacionalizada.
4. Disponible en https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/46746-discurso-del-presidente-alberto-fernandez-al-encabezar-la-apertura-del-periodo-138-de-sesiones-ordinarias-del-congreso-de-la-nacion. Último acceso: 27 de mayo de 2020.

Bibliografía


  • Bueno, Alberto (2016). “La cultura de seguridad y defensa: una propuesta de análisis conceptual desde la ciencia política”, Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, 8, 41-70.
  • Casa Rosada, Presidencia de la Nación, República Argentina: https://www.casarosada.gob.ar/
  • Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental, República Argentina: http://www.plataformaargentina.gov.ar/
  • Instituto Geográfico Nacional, República Argentina: https://www.ign.gob.ar/
  • Sarno, Hugo G. (2003). Lecciones de Geopolítica I. Buenos Aires: Centro FICCH.

2 comentarios

  1. Lamentablemente la afirmación que hace sobre la referencia 1 es incorrecta y desmerece el resto del trabajo.
    La superficie reconocida por la Comisión (internacional de la ONU) de Limites de la Plataforma Continental alcanza solamente a unos 300.000 km2.
    Estimo que Chile se queja por adjudicar reconocimiento a una superficie mal informada por la COPLA y la Cancilleria.
    Lo más preocupante es que hablar del total reclamado oculta y quita debate para la Defensa sobre la usurpación y próximo conflicto de cinco sextos (1.400.000 km2) de la plataforma continental extendida argentina.
    Más alla de mi crítica, en necesario que Argentina consolide legalmente los límites de sus jurisdicciones de acuerdo a la Constitución Nacional y la evolución del derecho internacional.
    No es razonable que los argentinos escondamos que el Reino Unido usurpa actualmente 2.600.000 km2 (casi otra Argentina emergida de 2.800.000 km2) de jurisdicciones insulares y marítimas, y que no estemos dispuestos a la disputa con todos los recursos a nuestro alcance, incluyendo a la Defensa Nacional.

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    1. Eduardo, muchas gracias por tu comentario. Todo aporte construye.
      Desde la Cancillería argentina fue anunciada, en su momento, la adopción de las recomendaciones presentadas por nuestro país. Ahora bien, respecto a la situación de las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, la Comisión reconoció la existencia de una disputa de soberanía. Razón por la cual no analizó el límite en esa zona. Ahora bien, resulta interesante cuando la COPLA expresa que dicha falta de análisis no implicará “quitar” del mapa la zona. Entonces aquí vuelvo a la importancia de la cartografía y a la intencionalidad de quien la produce. A eso apunta más que nada el artículo.

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