Defender la vida es defender la soberanía

Nomos nació con la intención de abordar la realidad desde un perfil de análisis que intente generar sentido, ordene ideas y precise conceptos en función del interés nacional. Aunque no tenemos por regla intervenir en asuntos coyunturales de la política doméstica, esta vez sentimos la necesidad de hacerlo con respecto a un tema que se ha vuelto otra vez un factor de desencuentro para los argentinos: la propuesta de legalizar el aborto. Como es una cuestión delicada que ha suscitado debates profundos, pero también reacciones violentas, trataremos de ser breves y prudentes, sin dejar de ser firmes y claros. 

Acompañando la movilización nacional convocada para este 28N frente al Congreso, desde Nomos creemos prioritario optar por la búsqueda de instancias que preserven la vida de todos los argentinos, desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Tenemos la convicción de que toda vida humana, por el mero hecho de serlo, está dotada de una dignidad que debe ser respetada. Aceptar que el Estado legalice interrumpir la vida de un ser no nacido representaría un auténtico fracaso para todos como nación. Fracaso agravado por promoverse en medio de una grave crisis económica y social y por atentar, además, contra la soberanía de nuestro país. En efecto, atendiendo a la promoción y financiamiento de la campaña por la legalización del aborto, se detecta fácilmente la presencia de intereses extraños a los de nuestro pueblo, que promueven y financian políticas neomalthusianas. Es a través de múltiples Fundaciones, ONG’s, organismos de crédito y países desarrollados de donde provienen las líneas de acción y los fondos destinados a promover políticas culturales y demográficas tendientes a la limitación de la natalidad y a la destrucción de la estabilidad económica y afectiva de las familias argentinas. Siendo Argentina un país de un territorio amplísimo con una ínfima población en comparación al mismo, cualquier propuesta tendiente a agravar más este problema de densidad poblacional puede considerarse, por lo tanto, un atentado contra la soberanía nacional.

Dicho esto, queda claro que la respuesta con respecto al aborto no finaliza con solo oponerse a su práctica efectiva y puntual, sino que allí recién comienza otra parte, la más complicada de alcanzar: la búsqueda de vivir en un marco de soberanía, justicia y dignidad donde se pueda hacer un uso feliz y responsable de la propia libertad. Por eso, lejos de una visión reduccionista que apela a la perspectiva “pro-vida” como mera actitud reactiva (y que se desentiende de los argentinos ya nacidos, pero pobres), creemos que la verdadera defensa de la vida debe proponer una mirada integral sobre la existencia humana para que cada compatriota encuentre entre sus semejantes un lugar positivo de realización. Por eso, luchar por la vida es también pensar una ética común enraizada en nuestra historia que proponga modelos de realización que nos permitan superarnos a partir del ejercicio permanente de la convivencia colectiva. Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza, lo que implica la búsqueda del sostén material que permita el ejercicio de nuestras virtudes y valores, teniendo en cuenta que la pobreza es una indignidad a la que tampoco jamás nos debemos acostumbrar. En Argentina el 60% de los niños y jubilados son pobres, ¿la clase política responsable de esta situación propone debatir el aborto en este contexto? ¿qué perspectiva estratégica se desprende de ello? Sea cual sea la respuesta a este interrogante, objetivamente nos enfrentamos a la promoción de un interés extraño al interés nacional y a las preocupaciones cotidianas de las grandes mayorías.

Sabemos perfectamente que nuestra posición no será compartida por todos nuestros seguidores y lectores, pero traicionaríamos nuestras convicciones si nos llamáramos a silencio. Como muchos otros, hemos sufrido el conflicto y hasta la erosión de relaciones por los debates suscitados con respecto al aborto, de allí que sabemos perfectamente que tratamos con un tema difícil. Pero tenemos la convicción de querer hablar alto y claro, enoje quien se enoje. No fue la tibieza lo que dio origen a Nomos, ni lo será su vida de compromiso. Es por eso que nos permitimos tomar la posición en defensa de nuestros futuros compatriotas por nacer, como de sus madres; en pos de una comunidad organizada que se rebele contra toda política y contra toda ley que atente contra el interés nacional; en la búsqueda de una vida en común más fuerte, auténtica y  comprometida con nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

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