«Un pueblo tiene el imperativo de seguir existiendo»

Esteban Montenegro y Francisco Mazzucco, miembros de Nomos, dialogaron con la Agencia Paco Urondo sobre la reciente operación militar especial lanzada por la Federación Rusa con especial atención al choque geopolítico y existencial que esta encabeza contra las potencias de la OTAN y el globalismo. A continuación reproducimos la entrevista completa, realizada por Santiago Asorey, a quien agradecemos la gentileza.

APU: Cuando comenzaron las operaciones militares rusas, el filósofo ruso Aleksandr Dugin sostuvo en redes sociales que el conflicto geopolítico entre Occidente y Oriente expresaba un «enfrentamiento a todos los niveles – geopolítico e ideológico. Rusia rechaza todo en el globalismo – unipolaridad, atlantismo, liberalismo y anti-tradición». Señalo esto porque a veces parece unificarse la postura de todas las potencias, como potencias capitalistas que cometen según sus intereses distintos tipos de abusos. ¿Qué significa en este nivel que les consulto este enfrentamiento de paradigmas?

Esteban Montenegro: Dugin viene señalando que desde la caída de la URSS en los años 90’, independientemente del tipo de régimen de gobierno o de la ideología que profese Rusia, por razones tanto geopolíticas como por su carácter, el pueblo ruso siempre va a representar una amenaza para Occidente. No sólo por motivos estrictamente geopolíticos (la doctrina militar de la OTAN siempre intenta aislar a Rusia y eventualmente fragmentar su territorio y hacer desaparecer su carácter estatal), sino también porque el pueblo ruso todavía conserva un fuerte arraigo a su tierra, a su religión, y tiene un sentido no sólo patriótico sino de misión universal. Esto que siempre tienen los grandes poderes históricos: el hecho de creer que ellos juegan un rol determinante en el destino de la humanidad, y que no es simplemente una idea para justificar una posición de poder.

En general, las visiones que tienden a igualar a todos los grandes países o civilizaciones en una misma escala, pecan de cándidas. Es una visión abstracta, de un humanismo que no aplica para entender las relaciones de poder y que tampoco respeta, en este caso, el imperialismo de Estados Unidos y la OTAN.

Muy básicamente, la idea de Dugin es que Rusia encarna un tipo de principio de orden y de poder político distinto y contrapuesto al que representa la OTAN, una “civilización de la tierra” que permanece arraigada no sólo a su suelo, a la vasta extensión de un territorio de escala continental, sino fundamentalmente a sus propias tradiciones y que no está dispuesta a ceder en su forma de ser. Mientras que, por el contrario, lo que sería la “civilización del mar”, está representada por las potencias atlantistas como Estados Unidos e Inglaterra, potencias que tienen un carácter marcadamente cosmopolita y que están obsesionadas con el control de los flujos de navegación, del comercio, de la información, de las finanzas, gravitando sobre las grandes ciudades de Occidente.

APU: ¿Hay una necesidad de que se de ese enfrentamiento?

EM: Para los rusos es una necesidad impuesta desde afuera y no responde solo a su propia historia (siempre han intentado ser un imperio con cierta centralidad sobre el espacio euroasiático). La OTAN busca destruir a los rusos, y no sólo destruir su Estado, pues busca destruir su forma de ser. Todos vemos que, donde llega la OTAN, llega el progresismo. Esta idea de que necesariamente hay que destruir a la familia tradicional, la religión, de que hay que abandonar toda inclinación hacia la fuerza, el valor, el patriotismo, etc. Los rusos no están dispuestos a ceder eso. Desde un punto de vista incluso ideológico estos dos polos, el atlantista y el euroasiático, representan dos polos diametralmente opuestos en todo lo que significan y en cómo ven el mundo. Pero la “civilización del mar” comandada hoy por Estados Unidos o, mejor dicho, por el poder financiero busca promover un mundo unipolar donde se imponga una sola visión del mundo.

Sin embargo, esa no es la pretensión que hoy tienen los rusos. Viene un poco de arrastre esta idea de que Rusia sigue teniendo las pretensiones de imponer una sola visión del mundo e imponer la subordinación a Moscú como de alguna forma ocurrió en la época de la Unión Soviética. Por el contrario, hoy detrás de la propuesta de cuál es la visión de mundo alternativa de la “civilización de la tierra”, Rusia sostiene que es la multiporalidad. Por eso, nos encontramos con que Rusia no es sancionada por China, no es sancionada por India, no es sancionada por Pakistán, no es sancionada por Brasil y no es sancionada por Argentina podríamos decir también. Entonces, no es que Rusia está aislada porque de alguna manera, intenta imponerle al mundo algo. Todo lo contrario, está simplemente defendiendo su derecho a existir. El conflicto que vemos hoy es el resultado de esa confrontación irreductible de visiones de mundo: la unipolar y la multipolar.

FM: Podría citar a Samuel Huntington, yéndome un poco de Dugin, ya que él marcaba ese choque de civilizaciones, aunque sin describir tanto cómo era la civilización que estaba frente al imperio que él defendía, que era el imperio anglosajón y hoy anglosionista. Obviamente lo que estamos viendo es un choque entre el relato imperial, que es moralista, que se asienta sobre una libertad abstracta, sobre un crecimiento sin pausa de los derechos para todo el mundo y la necesaria exportación de esos valores que se creen como los únicos del planeta. En cierto sentido es una ofensiva, que ellos no ven como una ofensiva sino como el desarrollo natural de la historia. O sea, que todo el mundo termine siendo como California o Nueva York, no sólo es algo esperable, sino que es algo deseable y el que se ponga en el medio debe ser quitado como un obstáculo.

Huntington ve que hay civilizaciones que se oponen a ese avance. Es el caso de la civilización Rusa, que está obligada a una guerra de defensa en el plano civilizatorio, donde no se mueve sino a través de la necesidad, necesidad que conforma la famosa “Realpolitik”. A ésta, mal y pronto la podríamos describir como un ‘ser cínicos’, usar conceptos como áreas de interés, área de influencia, una necesidad de tener fronteras resguardadas, un espacio vital, el no ‘ser balcanizado’, etc. Y Rusia sabe, desde la caída de la URSS, que el objetivo final del imperio global es destruir todas aquellas civilizaciones que puedan hacerle frente, que el objetivo final es la fragmentación de Rusia.

La promesa hecha a la caída de la URSS de que no se iba a avanzar con la OTAN en el ex espacio soviético, de que no se iba a hacer ingresar a las otrora repúblicas socialistas en la alianza militar ni en la Comunidad Europea fue incumplida. Siempre se dijo que esas cosas estaban sólo ‘de palabra’, que no había obligación real de cumplirlas, pero justo un par de meses antes del ataque a Ucrania, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, confirmó que hubo tratos secretos en tal sentido (obviamente nunca se publicitan a fondo todos los puntos de un tratado entre las potencias), entre los que estaba el hecho de no expandir la OTAN a países como Ucrania, Bielorrusia o Georgia.

Y ese es el objetivo de la OTAN hoy en día, expandirse, rodear a Rusia y después lograr su fragmentación, para negociar con pequeños Estados vasallos rusos que serían mucho más fáciles de dominar que una verdadera gran civilización. Lo que estaba haciendo Rusia desde hace décadas era una lucha de autodefensa tratando de mantener su tradición, hasta que en cierto momento tuvieron que decir ‘basta, si dejamos perder más territorio va a llegar un momento en que la derrota será irremontable’.

Por ejemplo, el objetivo de la OTAN es tener Ucrania, después iban a ir por Bielorrusia a través de una revolución de color, meter a Georgia, y tener cercada a Rusia por el lado Europeo, para después avanzar a través de los medios de hegemonía cultural y quebrar sus valores desde adentro. Cosa que han hecho ya en Ucrania y se ha visto claramente desde la Ucrania pre-Maidán de 2014que uno puede decir que era más tradicionalista, y que en pocos años se ha vuelto casi un país occidental más, con la misma cosmovisión cultural y hasta con la misma auto-percepción del ‘ciudadano del mundo’ que puede habitar cualquier capital global. 

Putin puso un freno duro a esto y lo puso de un modo que me parece correcto. Porque los frenos que puso antes, obviamente que no sólo no sirvieron sino que permitieron el avance del enemigo de Rusia a partir de la violación de los pactos, o a decir ‘no va a ingresar tal país en la OTAN pero vamos cocinando por debajo de la mesa la entrada, vamos metiéndolos de a uno a la Comunidad Europea’ que es como el paso previo a la OTAN. Porque esto es lo que uno tiene que entender: si uno deja que se formen en el plano formal y diplomático estas alianzas, está convalidando a la vez su paso posterior al plano de lo militar. Si un país firma que es parte de la OTAN, en ese momento ya es tarde para ir a un combate en su contra, porque implicaría ir a un combate contra Estados Unidos y todos sus aliados.

La muerte del mundo unipolar y el derecho internacional en perspectiva del atlantismo

APU: ¿Las sanciones a Rusia pueden acelerar el perfil del mundo multipolar?

Esteban Montenegro: Hay que ver cómo sale Rusia en un mediano plazo, cómo logra atravesar las sanciones y qué tan efectiva va a ser en construir estas redes alternativas de financiamiento, de producción, ideológicas e informativas. Antes no lo hizo tan acentuadamente porque intentaba tener buenas relaciones con Occidente, pero si Occidente le dice ‘no, te vamos a bloquear, te vamos a aislar’, Rusia está ahora obligada a construir un mundo multipolar. Va a tender a forjar alianzas con China, con India, con Pakistán y el mundo árabe. Este es el tiro por la culata que le puede salir a Estados Unidos y que puede redefinir la letra del presunto derecho internacional que nunca se cumple.

APU: Terminar empujando más hacia el mundo multipolar que querían evitar…

EM: Porque se está hablando, incluso, de expulsar a Rusia de las Naciones Unidas, del Consejo de Seguridad. Obviamente, creo que Estados Unidos no va a acceder a eso pero, digámoslo así, el derecho internacional no es una excusa para impedir la existencia de un pueblo. Me parece que esa perspectiva realista es la que representa Rusia, a diferencia de lo que plantean algunos desde acá: ‘defendemos el derecho internacional, no hay que violar el principio de integridad territorial’. Son las posturas políticamente correctas de la diplomacia que, quizás para algún país adoptarlas está bien, porque es todo lo que puede hacer un país débil. Pero hay otras cosas en juego.

APU: ¿Qué análisis se realiza con la perspectiva de algunas posturas que señalan que Rusia compromete el principio de integridad territorial, desde una mirada del derecho internacional?

EM: Yo tengo siempre diferencias con quienes tienen una visión demasiado apegada a esta idea de respeto irrestricto del derecho internacional. Hay una imagen muy linda que dice que el derecho internacional es como una red que sólo atrapa a las moscas pero cuando pasa el águila la rompe y hace lo que quiere. En primer lugar, hay que diferenciar lo que podría ser una postura oficial y diplomática con lo que es la realidad política de cómo se constituyen y cómo se construyen las fronteras. ¿Cómo se constituye una frontera? ¿Cuál es la frontera de un poder político por fuera de la cuestión formal? La frontera siempre se extiende hasta donde llega la cohesión, la consciencia, y la voluntad de un pueblo determinado, no de expandirse, pero sí de robustecerse. Si un país se robustece sus fronteras se desbordan, de alguna manera, y constituye esferas de influencia cada vez más amplias. A lo que voy es que sin dudas, asistimos a una ruptura del orden internacional previo. Este ya no es el mismo mundo de los años 90’, pero no porque se haya violado el derecho internacional. Eso ya ocurría, Estados Unidos e Israel lo hacen siempre. Lo hacen en Palestina, en Siria todo el tiempo, y nadie dice nada. Entonces, el problema no es que se vulneraron los principios del derecho internacional sino que lo hizo Rusia: una potencia que no es anglosionista, ese es el problema. Y el problema es que redefine las relaciones de poder. Hasta ahora los que tenían el privilegio de violar la Carta Magna de las Naciones Unidas, era Israel, Estados Unidos e Inglaterra, y hasta ahí, dejemos de contar. Hay una ruptura de ese consenso, que es el Consenso de Washington, de que todo es posible para Estados Unidos y sus aliados. Todos respetábamos mientras regía ese Consenso un “derecho internacional” distinto del escrito: que lo que Estados Unidos dice y hace es inapelable.

Desde el punto de vista político, un militante tiene que saber que una civilización, un pueblo, no pueden negociar su derecho a existir por lo que está inscripto en una ley moral universal o en la Carta Magna de las Naciones Unidas o por lo que dice el Papa o la Biblia. Un pueblo tiene el imperativo de seguir existiendo porque uno se aferra a su propia existencia, no quiere dejar de ser quien es, no puede negociar eso, no se negocia en ninguna parte del mundo. Y en materia de defensa lo que vale es el poder, las relaciones entre Estados siempre se manejaron y se manejan, en términos de poder. Ya estamos advertidos, y no hay excusa, así son las cosas.

Francisco Mazzucco: Como diría Nietzsche, hagamos una genealogía de la moral de este derecho internacional que tanto se cita, que en el fondo se basa nada más que en dos principios: uno, el de la integridad territorial, y el otro, el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Esta autodeterminación funciona como el primer derecho fundante, pues es después de que un pueblo se conforma como Estado-Nación y adquiere su territorio, que podemos defender su integridad, integridad que tendría casi un carácter sagrado por el cual nadie puede meterse con los terrenos propios de cada una de las naciones. Pero este derecho fundacional de autodeterminación no es ni universal ni ahistórico, tiene fecha de creación.

Fue creado por los Estados que se vendieron, como hoy en día, como democracias liberales, pero que en la época estaban personificados en Inglaterra, una monarquía constitucional, y por Estados Unidos desde afuera, quienes crearon esto como un arma para destruir los imperios centrales de la época: Rusia, Austria-Hungría y Alemania. El objetivo primario fue Austro-Hungría, que era un imperio multiétnico, multicultural, pluri-religioso, todo lo que hoy se habla como la panacea posmoderna, y que lo era ya Austro-Hungría en su época. La forma de destruir tal imperio multicultural fue presentar este principio de la determinación de los pueblos, que es lo que llevó a la Primera Guerra, porque uno de los integrantes de ese pueblo, un serbio, consideró que ‘en pos de que mi patria, Serbia, tenga su propio Estado y de que mi nación se separe de esta nación donde hay muchas otras naciones con las que no nos interesa habitar, hay que matar al archiduque’, la segunda autoridad de mando del país e hijo del Emperador, encendiendo la mecha de la gran guerra.

APU: El comienzo de la balcanización de los Balcanes…

FM: Si, literalmente se crea en esa época lo que nosotros llamamos balcanización en los Balcanes. O sea, Yugoslavia fue un lugar donde ellos dijeron está permitido usar ese derecho a la autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial. Pero inmediatamente, esa creación de un nuevo derecho, de un nuevo principio abstracto y universal que se debería aplicar siempre, ya les trajo problemas al instante porque los alemanes quisieron tener la autodeterminación de su propio pueblo y dijeron hay alemanes en Checoslovaquia, hoy República Checa, hay alemanes en Polonia, hay alemanes en Austria y queremos unificarnos con ellos.

Obviamente, cuando el Tercer Reich hizo eso las naciones anglosajonas dijeron ‘está muy mal esto, esto es el avance de algo tétrico’, pero cuando lo hacían ellos estaba muy bien. Después pasa lo mismo, yendo más a la modernidad, cuando se destruye Yugoslavia. La excusa de destruir Yugoslavia, que era encima un país que ellos crearon con esta metodología para destruir Austro-Hungría, después quisieron desarmar a Yugoslavia con el principio de nuevo de la autodeterminación de las naciones. Si se tiene croatas por un lado, eslovenos por el otro, albanos por el otro, separá y que no quede nada de Yugoslavia.

Pero después cuando Rusia quiere hacer lo mismo y dice hay ciudadanos rusos en Ucrania, ‘respétenlos’, dicen ‘no, ahí no cuenta tampoco’. Cuando se aplica demasiado esto lleva como consecuencia a que lo aplique gente que no debería aplicarlo, como Alemania en el 30. Y ahora se aplicó demasiado en la zona yugoslava y en Libia, por ejemplo, y esto lleva a que Rusia diga ‘si cada pueblo tiene un espacio de interés y responde a quién ese pueblo quiera y con quien ese pueblo se identifique, eso vale también adentro de Crimea, adentro del Donbás’. Pero la respuesta es ‘no, no, hasta ahí llegamos’.

Ese es el tema. Ojo con el principio de autodeterminación de las naciones porque las naciones siempre están queriendo conformar territorio, Estado, y nunca se le da micrófono. El micrófono baja para ciertas ocasiones que son muy claras, si uno las ve, y después se vuelve a ir al terreno abstracto del ‘bueno, qué lástima que a ustedes no les hacen caso y los bombardean todos los días y no los dejan hablar ruso’, como en este caso.

APU: El uso geopolítico del derecho internacional por parte del Imperialismo…

FM: Literalmente es porque los principios abstractos, los principios morales, son también principios demasiado humanos como diría Nietzsche y tienen un objetivo bien material y bien concreto: la expansión política del imperio que hoy llamamos la globalización, porque ya no tiene sede en Estado particular alguno. Les convino utilizar esta carta para desarmar Yugoslavia y decir por ejemplo ‘nos podemos meter en un conflicto interno’ entre dos bandos de un país, lo que vendría a ser una guerra civil, y presionar para que gane una de las partes, lo cual iba en contra del derecho internacional de no entrometerse en las guerras civiles. Porque, si nos metemos en las guerras civiles, en realidad le hacemos una guerra interna a los países vecinos violando su integridad territorial, y al final terminamos haciendo guerra civil a todo el mundo. Ellos violaron esto y después, cuando Rusia hace lo mismo de meterse en la guerra civil entre el Donbás y Ucrania, exclaman exaltados ‘no, no, esto es ilegal, respeten el derecho de integridad territorial’.

La posición de Argentina ante el conflicto

APU: Por un lado, ¿cómo analizan la postura diplomática de Argentina respecto al conflicto? Segundo, ¿desde una perspectiva militante porque deberíamos como latinoamericanos hacer empatía con Rusia que se conformó gran parte de su historia como imperio?

EM: Me parece importantísimo hacer esa distinción de planos. En un plano estrictamente de realismo político o de análisis internacional, uno podría decir que la postura que tomo el Estado argentino es bastante adecuada. Una condena de las acciones bélicas en abstracto que no implica una sanción ni a Rusia, ni a Putin, ni a las demandas de seguridad que plantea el Estado de la Federación Rusa. Solo con eso se desmarca de la posición de Estados Unidos y su bloque que se embanderan en este conflicto con una posición marcadamente ideológica. Desde una postura diplomática podríamos decir que es la postura adecuada aunque en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Argentina votó con los Estados Unidos y la OTAN, a diferencia de China, Brasil y otros países que se abstuvieron. Ahí se podría haber hecho un gesto de dignidad un poquito mayor.

Pero visto y considerando la situación de la Argentina, que elige estar sometida al Fondo Monetario, no se puede esperar más. Ahora bien, ¿cuál es la posición que a mi juicio deben tener los militantes? Yo creo que si nosotros somos conscientes de nuestra propia historia, de nuestros propios conflictos geopolíticos, no hay manera de no empatizar con el pueblo ruso que está enfrentando una amenaza existencial por parte de la OTAN. Similar a la que enfrentamos nosotros que tenemos justo en frente de nuestras costas una base militar de la OTAN donde pasan submarinos nucleares. Nos plantan petroleras en frente de nuestro territorio, extraen nuestros recursos. Me parece que no hay forma de no empatizar con el enemigo de tu enemigo.

Desde el punto de vista más lejano que uno se pueda plantar en relación a Rusia, sigue siendo el enemigo de tu enemigo. Esto vale incluso no sólo para los militantes sino para los militares, para las Fuerzas Armadas Argentinas. ¿Cómo puede ser que sigamos repitiendo como loros la doctrina militar y geopolítica de Estados Unidos cuando nuestra hipótesis de conflicto es con la OTAN? Tendríamos que empezar a ver qué pasa en Rusia y cómo se para ese país, cómo responde una verdadera potencia, cómo actúa un país verdaderamente soberano. No propongo imitarlo exteriormente, sino tomar un poquito de inspiración y obsvervar cómo actúa un verdadero hombre de Estado, un verdadero pueblo soberano, cómo se piensa a favor de uno mismo, cómo es elegirse a uno mismo en vez de estar preocupado -como hacen algunos- por quedar bien, por quedar como la víctima. Pareciera que se ha hecho un deporte de esto de decir ‘los únicos que hacen política son los imperios malos’ y como, según esto, nosotros somos las víctimas, tenemos la razón pero ‘no podemos hacer nada’. Es una falsa consciencia porque quienes sostienen esto cuando van a hacer política en serio hacen lo que les dice el imperio, pero cuando el imperio provoca guerras se rasgan las vestiduras y dicen ‘no, qué horror’. Es malísima la situación en que esto nos pone, es un horror. Todo queda en una nebulosa de lágrimas. Moralina, le podríamos decir, para las cámaras. Para justificar la propia claudicación interior. Los militantes que no queremos claudicar, tenemos que vernos inspirados por el ejemplo del pueblo ruso.

FM: Lo que quería remarcar, sobre todo, es que acá hay un choque entre una posición realista, que es la que debemos tener y es la que debería tener cualquier hombre racional, y una posición que es moralista, y que en el fondo es un mero relato fantasioso. Si uno lo mira desde un análisis gramsciano, hay una estructura que es la realista y por encima hay una pátina de buenas intenciones, de buenas palabras, una superestructura moral que está simplemente puesta para convencer a los que quieren ser convencidos y que quieren usarla después para auto justificarse en sus acciones. El relato fantasioso, moralista, de que “son los buenos”, en el fondo sólo lleva a que esta persona que se creía moral sea lo menos moral que existe. Porque para ser moral, hay que tener autonomía moral, para tener autonomía moral principalmente hay que ser independiente y tener criterio propio. Si nuestro criterio propio es poner la banderita de moda del momento, eso obviamente no es autonomía alguna.

El criterio debe ser un criterio realista, como lo es el criterio geopolítico. Si yo les dijese que hay un país que en el siglo XIX, estuvo formalmente en conflicto con nosotros, que cuando hubo una guerra con nuestro vecino nos hundió un barco, que después estuvo peleado con nosotros en el siglo XX y que después nos ayudó, nos vendió materias primas y nosotros los ayudamos en la guerra ¿Qué país es ese que recibió tantos golpes y luego ayudó?

APU: ¿De qué país estamos hablando?

FM: Ese país es Rusia. Porque Argentina después de la guerra de independencia no fue reconocida por los rusos por un tema de alianzas entre los Estados centrales. No nos reconocieron y hubo una enemistad formal que no nos afectó porque era a la distancia, no teníamos contacto real con ellos. Luego ya en la guerra ruso-japonesa, Argentina incluso atacó un barco ruso. Japón nos agradeció por eso, no estuvimos aliados ni nada pero en lo material tuvimos ahí un conflicto con los rusos. Y a los rusos no les importó, porque se mueven geopolíticamente. Como no les importó después para ayudarnos en la guerra de Malvinas, siendo la URSS uno de los países que nos ofrecieron armas entonces. Porque ellos tienen una posición racional donde dicen ‘bueno, éste es un aliado, en el momento me sirve, trabajo con ellos’.

Argentina tiene que hacer lo mismo. No puede ser que tome la posición irracional de decir que como Rusia está ‘enemistada con el mundo’, pues literalmente hoy ha sido cancelada del mundo libre, entonces no podemos ser aliados. Cuando uno ve la posición racionalista, real, es “ser aliado de aquellos que quieren ser aliados”. Así como en la guerra de Malvinas, Rusia quiso estar de nuestro lado, a pesar de que la dictadura no quería eso, y no aceptó mucha de las ayudas rusas para no enemistarse con Estados Unidos. A su vez, del otro lado está la OTAN que fue enemiga nuestra, Inglaterra era (y es) la OTAN.

Estuvimos peleados con la OTAN, estuvimos peleados con todo el continente europeo, España estuvo contra nosotros, Francia, Italia. Nos embargaron las armas, Francia nos tenía que vender armas por contrato. O sea, ahí el sacrosanto contrato liberal se rompe porque no le podían vender armas a aquel que está atacando ‘a mi aliado inglés’. Los españoles también nos hicieron embargo, nuestra madre patria. Aquellos que uno siempre cita como a quién mirar, como Europa, España, la realidad es que han tenido un peor desempeño con nosotros que Rusia que está lejos y que no tenía tanto que ganar. Por el mero hecho de tener una posición racional y geopolítica que les convenía a ellos: somos un país productor de materias primas y en esa época cuando se le hacía embargo comercial Argentina le vendía trigo a Rusia.

Hoy Rusia es autosuficiente, es el primer exportador de trigo del mundo así que ya no necesita. Ahí demuestra que hay relaciones que se deben hacer siempre, teniendo en cuenta no sólo el interés nacional sino las relaciones con los otros pueblos. No la moralidad del momento, no lo que digan los medios, no lo que diga el periodista. Argentina debe hacer su política internacional con este interés y la debe hacer porque tiene que tener una autonomía propia. Si tiene autonomía vamos a ser un país con moral. Y eso no va a pasar si creemos que la moral es repetir lo que dicen los medios, y nuestros diarios copian y pegan lo que dicen los medios extranjeros. Por ejemplo, Infobae que directamente compró la línea del Washington Post porque quieren ahorrar en periodistas, y entonces su línea editorial es traducir lo que le manden de afuera. Hay varios que hacen lo mismo, toman de agencias internacionales como Reuters o la BBC y ponen la misma noticia en castellano, por lo cual lo que hoy se llama la opinión pública en Argentina es en el fondo la opinión pública de los países centrales. Que a su vez está en manos de unos pocos, ni es siquiera la opinión pública del pueblo norteamericano la que se opone a Rusia, sino la de las minorías dominantes. Bien sabemos que si le preguntamos a un norteamericano, no van a saber ni ubicar en el mapa a Rusia o a Ucrania. Y está bien porque el hombre común no tiene por qué interesarse por eso.

En eso debe ocuparse el especialista, que tiene que ser racional y no dejarse llevar por sentimientos y menos por una tapa de los diarios. La posición Argentina es la correcta para hoy en día y hacer una toma de postura de ‘perro que ladra, pero no muerde’ es excelente porque es lo que mejor que podemos realizar. No ponerse visiblemente en contra de aquellos que nos pueden pisar con la bota, pero a la vez tener dignidad y saber marcar un límite. Decir ‘cedo porque es el momento histórico, pero demuestro que estoy del otro lado’. Ya esta tensión, hoy en día, representa una toma de posición tremenda. Y bajar línea también hacia dentro, intentar luchar un poco con los medios, donde pareciera que si no nos ponemos la banderita de Ucrania, estamos a favor de ‘matar niños en Kiev’, y darse cuenta que el discurso de la moralidad no es moral, porque lo que le pide al hombre es que no tenga autonomía propia y que repita sin pensar lo que todos repiten como loros.

¿Estados Unidos en crisis interna?

APU: ¿Cómo analizan la situación interna de Estados Unidos frente a este conflicto? ¿Hay fragilidad de Biden?

EM: Independientemente del tema de la política exterior, podemos decir que en este momento el gobierno de Biden no tiene la popularidad más alta que ha tenido un gobierno estadounidense. Más bien todo lo contrario, llego al poder con unas elecciones que si no fueron fraudulentas por lo menos fueron dudosas, cuestionadas mucho por Trump y sus seguidores, que llegan al 40% de la población estadounidense. Y además es un Presidente que llega con una doctrina antiterrorista que se empieza a aplicar sobre los mismos pobladores de Norteamérica. Es la idea del “terrorismo doméstico”. Y ojo porque ahora so pretexto de la persecución y de las sanciones sobre Rusia, se están empezando a mezclar ambas doctrinas y le va a servir como excusa a un gobierno débil, cuestionado y frágil.

Es un nuevo macartismo, que va a servir como excusa para reprimir el disenso. Eso se está viendo también en Europa. Por ejemplo, en países como República Checa y Eslovaquia, ya hay penas de prisión por defender el punto de vista ruso en las redes y con penas grandes, tres años, cinco años, diez años. Y ya hay algunos presos. Entonces hay que estar atentos con eso. Esa es la afamada libertad occidental. Está claro que cuando se atacan los medios de ellos se escudan en la libertad de prensa, pero nada dicen cuando el medio es ruso. Se ha bloqueado a Sputnik, a RT, los medios oficiales rusos y también le acaban de poner sanciones al sitio geopolitica.ru de Dugin y a toda una red de canales similares de información alternativa.

Esto evidencia que Estados Unidos ya no tiene el consenso ideológico interno que tenía en otra época. Hay un quiebre en torno a lo que significa el American way of life. No está claro que haya una cohesión interna ideológica, que permita decir ‘Estados Unidos y Europa están abroquelados, tienen un proyecto y que es muy difícil que se caigan’. Lo que vemos es que se caen económicamente y se caen no sólo cultural, sino que se caen también ideológicamente. Por eso están resquebrajados políticamente también. La guerra solo le permite cerrar el discurso y decir ‘esta es la posición oficial, si no seguís la visión de Biden sos un pro ruso, sos un antivacunas, sos un terrorista doméstico y te vamos a meter preso’.

El gran tablero geopolítico

APU: En 1997, en un texto subtitulado “El mundo visto desde el prisma geopolítico norteamericano», el consejero de Seguridad Nacional del gobierno del Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, sostuvo que la consolidación de «una Ucrania soberana estrechamente ligada a Europa central era el elemento central de la política norteamericana», en la zona de influencia euroasiática. ¿Por qué Ucrania conserva este valor histórico en lo geopolítico?

FM: Precisamente porque la teoría geopolítica habla de que hay un centro de mundo, hay una periferia y después hay una isla. El centro del mundo si uno lo controla, puede tener más influencia sobre el resto del planeta que estando en una punta. Este corazón del mundo o Heartland (corazón continental) estaría ocupado hoy por Rusia, con su territorio europeo y asiático, al que habría que agregar además Kazajistán y el Cáucaso, y con el límite en Ucrania, Bielorrusia y los Estados del Báltico que son las salidas por el lado oeste para este Heartland.

Después está lo que se llama la isla del mundo que es América, pues está aislada de todo el resto, y que tiene la desventaja que le cuesta llegar a influenciar otros países porque tiene que usar la vía del mar. Y la gran ventaja de que en caso de guerra nunca van a atacar esta “isla” porque cuesta desembarcar en ella. Siguiendo esa teoría que desarrollaron para su propio beneficio los norteamericanos, y antes otros teóricos como el inglés Mackinder, ellos se plantaron en su isla (“América para los americanos”) para desde allí atacar siempre a quien detentase el centro del mundo, y hoy Rusia es su objetivo.

Brzezinski pensaba lo mismo y lo planteaba en su obra El gran tablero mundial: la forma de manejar el tablero, como si fuera un tablero de ajedrez, es partir los países que están en el centro. No importa cuáles sean, puede ser la Unión Soviética, puede ser Rusia. Si mañana Rusia es partida en tres, luego van a buscar partirla en diez pedazos porque esa zona no puede estar jamás unida entre sí, porque genera una dinámica propia. Si uno fuese marxista, diría que genera materialmente una estructura propia de poder, por el dominio de los medios de producción, de la unión de las materias primas de esa zona núcleo, con la población que viene de Asia y la industria que viene de Europa.

La política norteamericana se construyó en base a detener ese centro del mundo. Por ese centro del mundo se quisieron pelear en la Segunda Guerra Mundial Alemania con su expansión hacia el Este y la Unión Soviética. En este momento se repite esto y si uno pregunta por qué Ucrania en especial ocupa ese papel, es porque es la llave que le da la salida geopolítica al país que ocupa el territorio del corazón continental. En este caso, Rusia. La salida que tiene Rusia es o hacia Asia o hacia Europa. Si se la rodea y le ponen una Ucrania, Bielorrusia y unos Estados Bálticos antirusos, Rusia no va a tener ya salida política para ese lado y va a estar obligada a hacerlo hacia otro. Obligada quiere decir también a realizar guerras, a realizar expansiones territoriales por donde tenga espacio.

Las potencias siempre tienden a expandirse, y si uno controla dónde taponar la expansión, ésta saldrá para el lado que uno quiere. Obviamente el sentido estratégico de Estados Unidos es taponar a Rusia por todos lados para que no haya expansión posible. Pues cuando no hay expansión posible, la expansión necesariamente se va a dar hacia dentro en forma de guerra civil. Las fuerzas centrífugas de expansión se tornan centrípetas, se va hacia dentro, se pelea con el poder central y se lo rompe para que haya más poder –ahora fragmentado- para distribuir entre los actores de la propia población que tiende a expandirse.

Estados Unidos leyó bien este tablero geopolítico y supo que la forma de detener a la Unión Soviética y a Rusia era fragmentando la Europa del Este. Todos los ex países de la Cortina de Hierro se asimilaron a occidente como un colchón geopolítico para detener a Rusia. Principalmente hablamos de Polonia, Hungría, Checoeslovaquia y los Estados del Báltico, y de Georgia (que fue el primer país en pasar de la órbita soviética a la occidental) como Estado tapón en el Cáucaso. Y ahora los objetivos eran sumar a Ucrania y Bielorrusia. Ya a Ucrania se le había hecho la revolución de color en el 2014, y en Bielorrusia ya se había intentado varias veces “revolucionarla”, la última el año pasado. Pues bien, Rusia también supo leer el tablero geopolítico y es por eso que decidió “abrir el juego” contra el globalismo, pero ahora en sus propios términos.

2 comentarios

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.